Desde la cosmogonía antigua de los binizáa o zapotecas, la antigua Lu’ula (Oaxaca) se mantiene viva con la celebración que tuvo sus orígenes en la Colonia, cuando existía una capilla frente al actual edificio central de la universidad. Los nativos de los pueblos del Valle acudían anualmente a dicho lugar para venerar la imagen de un hombre crucificado al que se le conocía como: Pitao Cocijo (Pi o bi, aliento; Tao o dao, sagrado y Guzi, rayo; Xoo, temblor), Dzahui para los mixtecos y Tlaloc para los mexicas, la divinidad que trae las lluvias, hoy conocido por los oaxaqueños como El Señor del Rayo.




