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Fernando García Portada

Placeres Mínimos

Al pie de una foto

“Leemos para descubrir quienes somos”

Úrsula K. Le Guin

Como la mayoría de los seres conscientes de su efímera y minúscula existencia me mantuve casi toda la semana en la inútil y falsa espera de la muerte hasta que finalmente me vi obligado a salir de casa el viernes pasado para que me aplicaran la segunda vacuna de refuerzo contra el Covid en una institución del Centro de la Ciudad de México. Salí temprano y sin desayunar pues los rituales tántricos no son compatibles con la dinámica de neurosis y obsesión de los habitantes de las urbes sobrepobladas donde el transporte público nunca ha tenido palabra de honor.

Realizado el cometido después de una pequeña espera, con el brazo dolorido regresé vacilante a las calles y como la cabra siempre tira al monte cuando me di cuenta ya estaba en la plancha del zócalo, no sé Uds. queridos lectores, pero yo generalmente vivo en otro planeta elucubrando fantasías delirantes y algunas veces descubro con fascinación ciertos hechos que son cotidianos y conocidos para todos excepto para mí. Esta vez mis lentos y torpes pasos me habían conducido directamente a la XXII Feria Internacional del libro en el ombligo de la capital, una feria de carpas en donde encontré algunas maravillas a muy buen precio y otras para mi mayor alegría totalmente gratis.

Y es que yo hace años había dejado de visitar estas ferias editoriales por lo prohibitivo de los precios y además debo confesar que en mi pequeña casa la biblioteca esta siempre a punto de reventar pese a las continuas purgas y donaciones, así que muchas veces yo me había prometido no llevar un solo libro más sino es que fuese estrictamente necesario pero, débil de espíritu como soy recaí en un doble pecado mortal porque además gasté a discreción y con fastuosidad el dinero mal habido de la tarjeta de crédito.

Manirroto y displicente gasté como si me hubieran asignado el jugoso salario de juez o magistrado de la suprema corte. Todos los obsesivos -dice mi apreciado terapeuta Carlos Chávez- estamos inmersos hasta las orejas en el fango de los interminables pantanos de la culpa. Y como ya lo habrás descubierto querido amigo y cómplice lector es evidente que pretendo expiar mis culpas consumistas al menos en parte con este texto, porque miles sino es que millones dirán ¿para qué leer si ya tenemos en las redes sociales venturosas aplicaciones como Tik Tok?

Fue un afortunado día de suerte y me encontré tan solo llegar a un puesto con literatura de varios autores que fueron compañeros escritores míos en el suplemento cultural Sábado del diario unomásuno en la época de mi mentor Huberto Bátiz (décadas de los 80 y 90 del siglo pasado) me refiero al espacio de la editorial Fontamara de donde me llevé 3 clásicos: Poemas de Vladimir Maiakoski, Lluvia de Fuego de Leopoldo Lugones y El Mexicano de Jack London con un práctico morralito de manta, cortesía de la casa, todo por tan solo 90 pesos.

Muy cerca de ahí en el siguiente pasillo en un local de la Universidad Autónoma de México, el de la Escuela Nacional de Artes Plásticas para ser exacto tuve a bien llevarme por un inmejorable precio los libros: Filosofía de la imagen de Fernando Zamora Águila ($ 115.00) y un Manual de procesos alternativos de Fotografía de Gale Lynn Glynn ($ 85.00). En este lugar se venden además algunos grabados y diferentes carpetas con gráfica de notables artistas contemporáneos en tirajes de no más de 50 ejemplares a un precio más que decente para los coleccionistas de grabado, toda la obra es resultado del Taller de Investigación y Producción Carlos Olachea De la ENAP.

En entrevista con la grabadora Kandy Gómez López coordinadora del Taller Olachea nos enteramos de que fue fundado en 1984 y recibe a los alumnos en proceso de titulación para integrarlos a los procesos de producción gráfica, así como a maestros y artistas de renombre. Algunos de los alumnos destacados del Taller son: María Luisa Estrada, Marco García y Demian Flores, podemos mencionar por citar algunos de los maestros a Gilberto Aceves Navarro, Pedro Ascencio, Patricia Soriano, Ma Eugenia Figueroa y Jesús Martínez. A pregunta expresa Kandy Gómez nos comenta que “el consumo de productos culturales en este caso los grabados alimentan nuestro espíritu pues la contemplación del arte nos mueve a la reflexión, a mi me llena producirlo, hacerlo, me gusta estar en contacto con las placas, con las tintas. Es increíble la diversidad creativa de los artistas que participan en el Taller”

Siguiendo mi recorrido, de entre muchos otros sitios destaco el de la cámara de diputados en donde me obsequiaron, así como a todos los visitantes que lo soliciten los libros México insurgente de John Reed y Guerra en el Paraíso de Carlos Montemayor ambos tomos editados por el Fondo de Cultura Económica en coedición con la LXIV legislatura de la Cámara de Diputados. Las dos obras son fundamentales para entender los procesos políticos actuales de nuestra nación  y la realidad a partir de sus antecedentes, historias que por mucho tiempo estuvieron prohibidas.

Me sorprendió muy gratamente una gran cantidad de editoriales independientes de poesía y narrativa de ficción que producen libros artesanales en tirajes muy pequeños, verdaderas obras de arte con espléndidas portadas en serigrafía o grabado, con tipografías únicas de imprenta de golpe o digital en bellos papeles incluso de algodón como por ejemplo Mi Cielo Ediciones y La tinta del Silencio por citar algunas.

También me encontré por ahí una verdadera joya impresa por El Colegio de Michoacán, un texto fundamental de la América indígena que por su estilo y cualidades literarias pertenece a las obras de arte universal como El Poema de Gilgamesh de Mesopotamia o el Popol Vuh de los Mayas Quiches, me refiero al libro: Relación de Michoacán de Jerónimo de Alcalá ($110.00) redactado en el año 1540 y que nos permite conocer a detalle la sofisticada cultura Purépecha a través del testimonio de la figura principal o sacerdote mayor también llamado Petámuti.

Los primeros frentes fríos de la temporada se han hecho presentes y una copiosa llovizna acompañada de viento helado al amparo de un cielo colmado de nubarrones grises nos apresuró a buscar cobijo o de plano huir, pues todos sabemos que los libros como los felinos suelen encresparse curvando el lomo ante la menor presencia del agua, en esos momentos en el foro Rosario Ibarra de Piedra era presentado el libro “Con las niñas no” de Frida Guerrera por Julio Hernández López y César Ramos.

Hacia allá me dirigía presto cuando en uno de los pasillos adyacentes de reojo vi un título muy atractivo: Cuando era fotógrafo, se trataba de las memorias que fueron impresas por vez primera en 1899 del célebre Gaspar Félix Tournachon mejor conocido por el seudónimo de Nadar, esta colección de 14 relatos ha sido traducida e impresa en un bello ejemplar por la editorial Canta Mares especializada en literatura y pensamiento franceses contemporáneos.

Tras una breve charla con los coeditores decidí llevarme lo que creí sería la cereza del pastel, sin embargo, al momento de colocar en una bolsa de papel Cuando era fotógrafo ($350.00) en un generoso gesto que tenían los marchantes de estanquillos y bodegas de tiempos ya extintos me dieron “de pilón”, me obsequiaron pues, también de manera gratuita un pequeño ejemplar de bolsillo que despertó mi curiosidad por su buena factura y nombre sugestivo Placeres Mínimos. Esta deliciosa antología no es otra cosa que una compilación de editoriales independientes de México, impresa para conmemorar el día del libro en este año 2022.

Al igual que cierto escritor estridentista yo también tengo a ella “que siempre está a 15 minutos del zócalo” y como recibí su mensaje vía WhatsApp para encontrarnos me dirigí a esperarla como acostumbro, recargado en las vidrieras de la sombrerería Tardan mientras degusto ahora sí la dulce cereza literaria del pastel del ocaso. Tengo la manía de abrir los libros al azar y empezar a leer sin más:

Pero la noche ha llegado. Es la hora extraña y dudosa cuando las cortinas del cielo se cierran, cuando las ciudades se iluminan. El gas se va extendiendo sobre el purpura del atardecer. Honestos o deshonestos, razonables o locos, los hombres se dicen: ¡Al fin ha terminado la jornada! Los sujetos buenos y los malos piensan en el placer, y cada cual corre al lugar de su elección a beber la copa del olvido. El Sr G. permanecerá hasta el final dondequiera que resplandezca la luz, resuene la poesía, pulule la vida, vibre la música; dondequiera que una pasión “pose” ante sus ojos.,

Placeres Mínimos, El pintor de la vida moderna, Charles Baudelaire

Efectivamente es un hecho que el elixir de la desmemoria ya se empieza a servir en las cantinas, antros, cafés, restaurantes, fondas y bares en copas y tarros rebosantes pues además es viernes y el cuerpo lo sabe. Ella me saluda feliz a la distancia levantando las manos, ve mis bolsas llenas de libros y creo poder apreciar un resplandor en sus pupilas, por fortuna vibramos juntos entre las hojas tersas de un mundo de papel como cigarras sudando tinta, es verdad como lo escribió en el prólogo de Placeres mínimos Ana de León: “Leo también para silenciar, para transgredir, para evocar la presencia del otro”.  

Fernando García Álvarez

Nací enamorado de la luz y desde muy joven decidí ser artesano de sus reflejos. He sido aprendiz y alumno de generosos mentores que me llevaron al mundo de las artes y la comunicación. Así he publicado mis fotografías y letras en diversos foros y medios nacionales e internacionales desde hace varias décadas. El compromiso adquirido a través de la conciencia social me ha llevado a la docencia.

Colaborador desde el 10 de diciembre de 2021.

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