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Roberto Fuentes Vivar Portada Ok

Asesinato a corresponsal de La Jornada

Diario Ejecutivo

Cuidado, pueden aumentar los homicidios

El 30 de mayo pasado, ante la placa alusiva a Manuel Buendía y a 39 años de su asesinato, expresé mi preocupación acerca de la posibilidad de que conforme se acerquen las elecciones presidenciales pudiera registrarse un incremento en los homicidios contra periodistas.

Concretamente explicaba que, por su alta sensibilidad política, es posible que grupos fácticos utilicen el homicidio contra comunicadores como un arma política para hacerse presentes o desprestigiar a gobiernos legalmente constituidos.

Creo que es el caso del asesinato del corresponsal de La Jornada en Nayarit, Luis Martín Sánchez Íñiguez, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado este fin de semana, después de haber sido secuestrado algunos días antes.

Desde luego que desde aquí envío mi mayor solidaridad con sus familiares y compañeros y me uno a las voces (tanto nacionales como extranjeras) que exigen una investigación a fondo de este homicidio.

Desde el punto de vista político, llama la atención que el asesinato se haya registrado en el municipio de Tepic en Nayarit, en donde confluyen tres niveles de autoridad (federal, estatal y municipal) gobernados por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Explico esta coincidencia, porque en la mayor parte de los homicidios (todos ellos execrables y reprobables) contra colegas ocurren en municipios en donde hay alcaldes de un partido y gobernadores de otro.

Por eso, el hecho de que los tres niveles de gobierno sean encabezados por Morena podría entenderse como una acusación directa a Morena, en el sentido de que ni en los ayuntamientos, ni en los estados ni en el gobierno federal este partido es capaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Ese en síntesis, podría ser el mensaje que tratan de enviar los grupos fácticos que a través de diversas acciones intentan (así me atrevo a afirmarlo de manera categórica) desestabilizar al país y crear un ambiente de ingobernabilidad para sacar provecho y privilegiar sus intereses.

Las autoridades nayaritas, desde un principio, han afirmado que el asesinato el compañero  Sánchez Íñiguez, está relacionado con su labor periodística, porque durante el secuestro le fueron sustraídos su computadora y sus archivos, aunque no su cartera, en donde portaba la credencial de La Jornada, la cual sí fue desaparecida, según informes del propio diario.

El secuestro fue perpetrado supuestamente en cinco de julio y su esposa lo reportó el viernes. Sus restos fueron encontrados el sábado ocho de julio. ¿Qué sucedió en el ínterin?

Curiosamente, las autoridades de Nayarit relacionaron la desaparición de Luis Martín  con el secuestro de otros dos periodistas, Osiris Maldonado de la Paz (quien fue plagiado el 4 de julio en esta capital) y Jonathan Lora Ramírez (secuestrado el pasado jueves también en la zona de El Armadillo, en donde fue privado de su libertad Sánchez Íñiguez).

Los tres habían trabajado con anterioridad en forma conjunta en asuntos periodísticos y mantenían amistad. Osiris y Jonathan fueron encontrados con vida durante el fin de semana, por lo que probablemente sus declaraciones ministeriales podrían aportar elementos para la identificación de los secuestrados y del asesino.

¿Por qué de los tres asesinaron a uno? Una probable respuesta a esta pregunta es que él laboraba para La Jornada, uno de los pocos medios de comunicación que ha levantado la voz y ha mantenido la exigencia de aclarar los asesinatos de sus trabajadores, como en los casos de Miroslava Breach Velducea y Javier Valdez Cárdenas, ambos ultimados durante el gobierno de Enrique Peña Nieto a nivel federal.

En los casos de Breach y Valdez, se trataba de periodistas “incómodos” tanto para los gobernadores de Chihuahua y Sinaloa, respectivamente, como para el gobierno federal y, sobre todo, para el cártel de Sinaloa que presumiblemente está involucrado en los dos homicidios.

En el caso de Luis Martín no parece existir esa idea de “periodista incómodo” para el gobierno municipal, ni para el estatal ni para el federal, pero seguramente no era muy cómodo para los poderes fácticos.

Siempre que asesinan a un periodista surgen varias peguntas. En este sentido hace  un año y medio con motivo del asesinato de dos periodistas en Baja California publiqué una serie de interrogaciones que, creo, son válidas en este momento:

¿Se trata de un asesinato perpetrado por profesional de la violencia?

¿Publicaba el periodista información que pudiera ponerlo en peligro?

¿Investigaba específicamente a alguien?

¿Tenía información relevante que afectara a personas o grupos determinados?

¿Sabía demasiado?

¿Hay motivos para pensar en un asesinato por su trabajo profesional?

¿Pertenecía a algún grupo de otra índole?

¿Tenía otros intereses aparte de los periodísticos?

¿Enfrentaba otro tipo de demandas o acciones jurídicas?

¿Tenía enemigos por la profesión o por otras causas?

¿Estaba endeudado con alguien fuera de los cauces normales?

¿Era informante de alguien?

¿Tenía información exclusiva que publicaba o dejaba de publicar?

¿Cómo era su vida social y familiar?

¿Cuál es el contexto local y nacional de su muerte?

¿Cuál podría ser el móvil?

¿A quién beneficia su muerte?

¿A quién perjudica su muerte?

Algunas de estas preguntas, creo, son descartables en el asesinato de Luis Martín pero surgen otras: ¿Por qué en Nayarit, en un municipio y un estado encabezados por el partido que gobierna a nivel federal?: Quizá la respuesta la da Artículo19 en su más reciente informe, en el cual señala textualmente “Por otra parte, con excepción de Tabasco y Nayarit, todos los estados de la república registraron agresiones contra la prensa”. Es decir que en el estado de donde es oriundo el presidente de la República y en Nayarit estaban libres de violencia hacia periodistas.

En fin, hay muchas preguntas y ojalá las autoridades den repuesta a ellas de manera expedita. Por lo pronto, sí creo que hay grupos interesados en crear un ambiente hostil al gobierno federal y como lo señalé el 30 de mayo, es probable que aumenten los homicidios a comunicadores y muchos asesinatos a periodistas estén relacionados con el ambiente político existente y por venir y con la forma en que algunos grupos fácticos son desplazados de sus intereses.

Dice el filósofo del metro: Ojalá que la boca se me haga chicharrón.

Roberto Fuentes Vivar

Columnista y periodista fundador del UnoMásUno y la Jornada. Estudió Periodismo en la reconocida escuela Carlos Septién García y cursó la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es periodista independiente, conocido como “El Filósofo del Metro”.

Colaborador desde el 6 de marzo de 2022.

Las opiniones expresadas por los columnistas en sus artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y pueden no representar la postura o línea editorial de PressLibre. Sin embargo, como medio periodístico respetamos su derecho a la libertad de expresión.

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