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Juventudes, desafíos y tensiones emergentes

Hoy día con la experiencia de la juventud se cristalizan las tensiones sociales contemporáneas, como se sientan las bases de una sociedad por venir.

Las condiciones y experiencias de vida de dichas generaciones serán claves para el tipo de sociedad que esperamos construir a futuro.

Desde la Patagonia hasta Alaska, desde Moscú hasta La Paz los problemas y desafíos de la juventud se ve que es fundamentalmente el modelo económico imperante, que viene desde su consolidación con la Revolución industrial a finales del siglo XVIII, este con sus tropiezos en la crisis de 1929 dio pauta a otro que dio aire a los diferentes grupos de edad y se avanzo medianamente en educación básica, seguridad social y otros aspectos, sin embargo cuando a finales de los setenta y principios de los ochenta (1982) cuando nace el junior del capitalismo que se le bautizo como neoliberal, este ha traído múltiples problemas: liberalización del mercado, privatización y desregulación del Estado, es decir, todo lo que tenga que ver con desarrollo queda en manos de un mecanismo de oferta y demanda de bienes y servicios y con la privatización de los bienes públicos se inicia un proceso de adelgazamiento del Estado, este a su vez no responde a las necesidades de sus gobernados, sino a las exigencias de las grandes empresas que son quienes finalmente deciden el modelo a seguir, en términos muy generales esto explica la explosión de la juventud recientemente en España y en días pasados en Chile, falta la juventud mexicana.

El 12 de agosto pasado para responder al aniversario del Día Internacional de la Juventud, que se declaro por la ONU desde 1999, Ban Ki Mon, secretario general de dicho organismo, declaró que la juventud deberá tomar en sus manos y transformar el mundo, un poco al calor de los movimientos recientes como en 1968 en Paris y México cuando la juventud universitaria propicio un giro, que aunque no alcanzo cristalizarse, han dado muestras de dignidad y fortaleza a las naciones, pero sobretodo que a la vista saltan suficientes elementos que las crisis económicas y por ende sociales, tienen como epicentros y causantes en las grandes bolsas que manejan transnacionales y unidades económicas financieras, todo ello la juventud lo sabe y ya no digiere la idea que no hay causales y causantes de su condición de excluidos, marginados e invisibles, mucho menos siguen siendo pasivos, conformistas, acríticos o fatalistas, por el contrario; muchos jóvenes saben que están llegando momentos difíciles y definitorios en que se pueden implementar nuevas formas de protesta social y plantear innovadores caminos para el desarrollo nacional.

En la literatura no hay consenso quienes específicamente se le debe denominar jóvenes, hay quienes consideran joven a grupos etéreos de 12 a 29 años, otros que son los de 14 a 24, también hay quienes piensan que hasta los 18 se termina la niñez.

Sin embargo ante estas posibles confusiones, la juventud suele definirse como aquella etapa en la vida de las personas en la que experimentan una serie de cambios sociales, culturales, psicológicos e incluso biológicos, que marcan la transición de la niñez a la vida adulta.

Esta es fundamentalmente una construcción social y cultural, misma que puede ampliarse o reducirse.

Lo que es una realidad, que la juventud es uno de los grupos etáreos de mayor tamaño en nuestro país, pues constituye cerca del 30% de la población total, nos encontramos ante el “bono demográfico” sin precedentes en que el porcentaje es más grande que nunca en la historia, de aquí el desafío que al ser casi un tercio de la población representa para el Estado mexicano, pero también para la sociedad, su madurez, el abanico de oportunidades y la dotación de medios para acceder a estos, pueden definir su desarrollo natural o estado de hibernación por un lado o el despertar de la fuerza del gigante y sacuda el estado de cosas actual en todos los aspectos de la vida social, política, económica y cultural.

La juventud indígena en Oaxaca, aún más que la juventud en general, se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad, desconectada no sólo de lo que se denomina la sociedad red o sociedad de la información, sino también desconectada o desafiliada a las instituciones más elementales como la educación, la salud, el trabajo y la seguridad social.

Esta condición de los jóvenes, entre otras causas, es resultado de un complejo proceso histórico dentro de sus comunidades.

Sus trayectorias familiares y condición social han perpetuado la pobreza y la desigualdad en la que viven hoy, sobre todo si consideramos que las condiciones de desigualdad imperantes dificultan sus posibilidades de satisfacer necesidades básicas: alimentación, vivienda, vestido, salud, etcétera.

Tales condiciones los impulsan a buscar alternativas, ya sea por sí mismos o apoyados por sus familiares.

Se encuentran limitados no sólo por ser jóvenes, sino por su condición social y familiar en la que intervienen factores exógenos (crisis económicas, pérdida del poder adquisitivo, desempleo o subempleo, conflictos agrarios y de carácter sociopolítico, drogadicción, alcoholismo, etcétera) y endógenos (el servicio a la comunidad, el rol familiar, el género, las capacidades individuales y la condición étnica).

Desde abajo y con los de abajo, construyamos y luchemos por un mundo mejor, fincando como objetivo en buen vivir sin el mal vivir de nadie.

(*) Profesor investigador del Instituto Tecnológico de San Miguel El Grande, Tlaxiaco.

 

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