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Los comunicadores y la verdad

MI OPINIÓN.- Un niño llegó corriendo a su casa y dirigiéndose a su padre le dijo: “papá, tengo algo muy importante que comunicarte, lo escuché en casa de los vecinos”. El padre que no perdía oportunidad para educar en valores en sus hijos le advirtió:

Bien hijo; antes de que me digas, observa si lo que escuchaste en casa de nuestros vecinos resiste estos tres puntos: Uno.- ¿Es verdad lo que escuchaste en casa de nuestros vecinos? No sé si es verdad, respondió el niño. Dos.- Lo que me vas a informar, ¿Es para bien de nosotros y de nuestros vecinos? No, no estoy seguro papá, aceptó el novato comunicador. Tres.- Acaso, ¿Es necesario que me lo digas? Creo que no, papá, fue la respuesta del portador de la información. Entonces, concluyo el padre: si no estás seguro de que sea verdad, si no sabes si es positivo tu mensaje, y si además no es necesario que me lo digas, mejor guárdatelo por discreción tuya y de nuestros vecinos.

Viene al caso esta vieja lección porque en nuestros días, a medida que la sociedad y las instituciones se democratizan, los medios de comunicación y los comunicadores adquieren mayor influencia en las diversas instancias donde se toman las decisiones gubernamentales. Pero es más: la democracia brinda a todos los ciudadanos acceso a los mismos medios masivos de comunicación, lo que enriquece la opinión pública y dignifica los derechos a la libertad de prensa y de expresión consagrados en la Constitución.

Siendo los medios masivos de comunicación magníficos instrumentos para la efectiva propagación de las ideas y la difusión de los acontecimientos mundiales, es necesario reflexionar sobre los efectos nocivos, o benéficos, que esa cobertura de información causa en los seres humanos. No se trata de coartar en alguna forma la libertad de comunicación, sino de observar la calidad de los mensajes, ya sean directos o subliminales que se dirigen a la población.

Es necesario puntualizar que la verdad es el capital más precioso que todo comunicador profesional tiene para merecer el respeto de la sociedad. Por lo tanto, los medios ya sea electrónicos: como radio, televisión, o internet; los impresos: libros, revistas, periódicos y otras como el cine, trascienden por la calidad de su información.

Duele pero es verdad: los medios masivos de nuestros días, y los comunicadores que en ellos se desempeñan, dejan mucho que desear en ese sentido. Las verdades a medias, las verdades ocultas, son por desgracia el distintivo de algunos medios de comunicación, los cuales antes de atender a su compromiso con la verdad, se inclinan a satisfacer compromisos comerciales, políticos o de intereses personales.

Insisto, no es un generalizado “Yo acuso”, es simplemente una invitación a la reflexión, con el sincero propósito de hacer de los receptores de ese bombardeo de información diversa, individuos capaces de discernir para clasificar los mensajes que reciben, y que de alguna forma influyen en su estado de ánimo, su conducta, y al tomar decisiones tanto en cuestiones de grupo como individuales.

Los hombres del servicio público de todas las instancias de los gobiernos, tienen también una enorme responsabilidad ante la verdad. Porque en calidad de fuentes de las cosas publicas, son responsables de las mentiras o las verdades que los medios y los comunicadores, digan en su nombre. Pero no sólo las fuentes de información de las instancias de gobierno tienen gran responsabilidad con la verdad, igual sucede en las Instituciones Educativas.

Por ejemplo, y sólo un ejemplo de muchos que existen. ¿Quién no se ha sorprendido ante el debate sobre la calidad de la educación en México, respecto a las evaluaciones que hacen organismos extranjeros sobre ese tema tan delicado? Información tan importante debe darse a conocer con apego a la verdad, con oportunidad. Al parecer la ley de transparencia nació muerta, porque a pesar de la avanzada tecnología cibernética que debería facilitar el acceso a información confiable los ciudadanos seguimos desinformados.

Si eso sucede en el sector educativo, ¿qué esperaremos de los organismos policíacos, políticos y electorales, donde a cada rato aparecen informaciones cruzadas, que en vez de orientar siembran la incertidumbre y desalientan la participación ciudadana.

Sin embargo, los oaxaqueños que reconocemos la verdad como el camino más efectivo para nuestra plena realización, personal y de grupo, debemos apoyar la democratización tanto de los medios de comunicación, como de los comunicadores, y de las fuentes de información de todos los sectores. Ahora; si además de informar verdades, los mensajes masivos son positivos, oportunos y necesarios, la misión social del comunicador estará plenamente satisfecha y justificada.

Es mi opinión y nada más…

raulcampa@hotmail.com

 

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