La Sandunga recorrió el mundo


Tercera parte

SIN DERECHO A FIANZA.- Quinto. Si la palabra sandunga fue de creación posterior, debió tener un autor específico. Decimos esto porque a la llegada del español, los pueblos zapotecas no habían alcanzado tal grado de cultura lingüística como para crear o traducir a su lengua los nuevos vocablos, utensilios o conceptos traídos de Europa, por lo que dieron nombres a muy poco de lo nuevo. De no ser así, hoy tendríamos una lengua formidable.

Por ello, sólo “zapotequizaban”, es decir, al igual que los españoles, como no podían pronunciar correctamente, alteraban la articulación fonética: Cuauhnáhuac= Cuernavaca; Huitzilopochtli= Huichilobos; Oaxyacac= Guajaca.

Así también entre los zapotecas del istmo. Por eso hoy se dice, bladu en lugar de plato, beshu es peso, aguyaá es aguja y Xha Vizende es San Vicente (y no como alguno traduce: “Lugar de San Vicente”).

Otros grupos intentaron atrapar en su idioma lo nuevo; como los indígenas de lo que hoy es USA, por ejemplo, que usaban su legua para designar lo que recién conocían: “palo de trueno” (en la realidad: “palo de trueno sin humo”); “agua de fuego” o “caballo de hierro”; ya no pudimos observar su avance porque casi los exterminaron.

Los actuales zapoteca, principalmente de Juchitán, quieren rescatar su lengua e intentan traducir lo contemporáneo: bichuugalí es teléfono y biaani’ zaahui, es televisor.

Se hace la digresión anterior para señalar que, si la palabra zandunga fue creada, debió ser especial su momento y no pudo pasar inadvertida esa invención, por lo menos no más de 80 años, que es cuando “aparece” su etimología.

Ahora, quienes defienden esa grafía y esas raíces, deben explicar cómo aparece esa palabra zapoteca en España y viene a México o cómo se va de acá y luego regresa sin que nadie se dé cuenta.

Pero, démosle voz a un verdadero conocedor de la cultura, no sólo istmeña, sino de casi todas las etnias oaxaqueñas.

Wilfrido C. Cruz desmiente

Si los investigadores actuales, que defienden la tesis de que sandunga es zapoteco, leyeran a Wilfrido C. Cruz, nos ahorraríamos mucho tiempo. En su famoso libro, Oaxaca Recóndita (1946), el espinaleño, en el capítulo dedicado a La Sandunga, se refiere al inefable don Esteban Maqueo (los subrayados son míos, las negritas de don Wilfrido):

“Lamentable error el del señor Castellanos al asegurar que la palabra ‘sandunga’, en la lengua de Cervantes no tiene significado alguno […]. …quiere decir gracia, donaire, salero, ya se ha repetido hasta el cansancio. Ahora bien, si la primera sílaba de la voz ‘Sandunga” corresponde etimológicamente al prefijo ‘za’, que designa todo lo que caracteriza y distingue a los zapotecas, ¿qué significa ‘ndungáa’ en zapoteco o mixteco, según el autor de esta peregrina versión?

“El escritor no lo dice, sencillamente porque no conocía dichos idiomas nativos, pero nosotros, que creemos conocer uno de ellos, el zapoteco, con el testimonio de todas las personas enteradas de su estructura y de su alcance ideológico, podemos afirmar categóricamente que ndungá en dicha lengua no corresponde a ninguna idea y, por otra parte, de existir el vocablo en mixteco, ninguna relación tendría con el Son Sandunga típico del Istmo de Tehuantepec y no de la mixteca.

“[…] Está bien que los poetas inventen cuentos y leyendas más o menos interpretativos del alma e nuestras razas, pero cuando se trata de averiguar el origen de un hecho, de responder ante la interrogación […] de nuestra realidad, precisa refrenar el Pegaso de la imaginación para no inventar explicaciones que no hacen sino estorbar más la búsqueda de la verdad.” (Pag. 309).

No leyeron al istmeño

A pesar de la aclaración de Wilfrido C. Cruz en el fraude lingüístico, iniciado, tal vez, por don Esteban Castellanos, siete años después, también cayó en él uno de los brillantes tehuantepecanos, el abogado Raúl Ortiz Urquidi, quien en su columna “Pizarrón” publicada en El Universal el 19 de abril de 1953, señala:

“Tampoco debe abandonarse en esa labor de investigación la traducción al zapoteco de la voz castellana Sandunga: SAA, música; NDU, honda, profunda, y NGAA, esa: Esa música honda, profunda. O más bien la castellanización de estas tres voces zapotecas […]”.

Don Andrés Henestrosa también se ocupó de la palabra famosa, como en uno de sus artículos recopilado en Alacena de minucias (1951-1967):

“La verdad se impone y debe imponerse: la palabra sandunga no es zapoteca”

O en Alacena de Alacenas, transcribe una carta de un cubano “viejito vendedor de libros”, Joaquín Mirabal Lausán, y donde aparecen otras definiciones para las afamadas partículas seudo zapotecas:

“El apasionamiento, como pudiera pensarse en el muy erudito e ilustre hombre de letras Maqueo Castellanos, puede perjudicar la causa sagrada de la verdad, y en este caso la insistencia con que se quiere probar que las palabras zapotecas tza (fuerte, único), ndú (acabado, hecho, completo) y nga (esa), que significan: ‘cosa acabada, redondeada, perfecta, única’, no pueden tener relación con la palabra andaluza sandunga, que significa: salero, aire, donaire, garbo, gracia”. (“En torno a La Sandunga”, pág. 29).

Lo que esas personalidades escribieron para aclarar que sandunga no significa más que: gracia, donaire, salero, no bastó, y en libros de autores posteriores se sigue manteniendo la pretensión de hacer zapoteco el origen de la palabra que, en realidad, tiene raíces africanas y andaluzas.

Como Hugo de Grial, quien en 1965, guiándose por lo escrito por Ortiz Urquidi (a quien llama biógrafo de Máximo Ramón Ortiz) en su columna, retomó esa falsa definición y la apuntó igual en su libro:

“La sandunga salió de Tehuantepec, recorrió el Istmo primero; luego México y finalmente fue al mundo, donde se cantó! (sic). Sandunga es voz zapoteca, que se descompone así, en su significado equivalente en español: SAAA- música, NDU-honda o profunda y NGAA-esa: Esa música honda, profunda, según Ortiz Urquidi.” (Pag.272. Músicos mexicanos, Editorial Diana, 1965).