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La novela negra hoy es una crítica al sistema político-social del país: Valladares

OAXACA, OAX., agosto 1.– Eloísa Castellanos, fotógrafa de guerra, pareja formal del senador Antonio Pineda y amante del empresario Mauricio Fuentes, ha desaparecido. Es a la mujer detective Milena Ruiz, adicta a la coca, el trabajo, la tecnología de última generación, los hombres imposibles, la yerba para dormir y los libros hasta la madrugada, entre otros tantos apegos, a quien le encargan encontrarla por dos millones de pesos que “a nadie le sobran”.

Aunque personaje de ficción de la novela negra “Tan frío como el infierno” (Planeta), de Patricia Valladares, que con la presencia de la autora fue presentada la noche del miércoles 30 de julio en la librería La Venturosa de Plaza Mazari, Elosía puede ser totalmente parte de esa “escandalosa” problemática que año con año ha registrado la UNESCO: el que México ocupe, “a nivel mundial, el tercer lugar en violencia de género y el octavo en violaciones”.

Aún más insólito problema si se toma en cuenta que, expone en entrevista Patricia Valladares, por ejemplo, si en “España asesinan 50 mujeres al año, eso es un escándalo, pero si en México suman dos mil en el mismo periodo, no pasa nada, lo cual habla de la impunidad que hay al respecto en Ciudad Juárez o Oaxaca o cualesquiera otro lado del país”.

Patricia Valladares, nacida en la Ciudad de México, se ha dedicado al tratamiento psicológico, estudio y activismo relacionado con la violencia de género durante alrededor de 30 años. En 2006, por encargo de la Cámara de Diputados federal, investigó la situación de los feminicidios en México.

Doctora en creación literaria por Casa Lamm y profesora de psicología en la UNAM, ha escrito los poemarios “Per versos” y “El oriente adentro”, la autobiografía “Destiempo” y el cuento “Mujeres de agua”, que obtuvo el primer lugar en la VII Feria del Libro de la Ciudad de México 2007. La que es su primera novela, “Tan frío como el invierno”, fue finalista del II Premio Letras Nuevas 2013.

Similar a Milena Ruiz como lectora, Patricia Valladares lo mismo lee a Haruki Murakami que a Charles Bukowski, a César Vallejo que a Octavio Paz, a Roberto Bolaño que a Carlos Fuentes, a Fernando Vallejo que a Gabriel García Márquez. De hecho, explícita o implícitamente ello se refleja en su novela de marras.

“En México, hoy las novelas negras son novelas de crítica al sistema político-social –dice la autora–, a lo que está pasando en el país. Algunos escritores del género, tenemos esa postura y no nada más la de hacer literatura de entretenimiento. Aunque no faltan quienes llamen a ello narcoliteratura y la califiquen de coyuntural y de que obedece a intereses de mercado, conjunta una narrativa bien escrita y la realidad del día con día”.

Tanto así que, dado que la gente no lee periódicos ni ve los noticiarios, una ventaja de ese tipo de novelas negras es que constituyen una literatura en formato de libro que puede lograr un modo de permanencia: incluso, “como platicaba con otros escritores del género, con el tiempo aquéllas van a ser las novelas históricas de esta época, de manera tal que si dentro de 20 años alguien quiere saber lo que estaba pasando en 2006, va a recurrir a ellas”.

–Decía Rodolfo Morales que la crítica es el tiempo. Has ganado varios premios literarios, no sé qué tanto los buscas…

–Los premios son un juego de azar, uno mete su trabajo a concurso pero finalmente no sabe qué es lo que va a pasar. La ventaja de contar con ellos es que hacen mucho más fácil la mercadotecnia, y las editoriales por supuesto que publican más a quienes los han obtenido. Además, los galardones implican que el libro en cuestión pasó ya un proceso exhaustivo de competencia con otras 500 novelas, digamos, y eso habla de que tiene cierta calidad y capacidad de venta. Más vale tener premios que no tenerlos, aunque ellos no son la meta del escritor, él trabaja en su campo porque le gusta, por necesidad, aunque no le paguen.

–El encuadre de la literatura en la academia, la teoría y activismo de género, ¿no está en contradicción con la libertad de la narrativa?

–Creo que no hay contradicción, porque los literatos escribimos de lo que sabemos, de nuestras vivencias, de lo que conocemos. Mi especialidad es la violencia de género, y en este caso, el reto consistió en traducir el discurso científico-académico a un lenguaje literario, el paso de lo fidedigno a la ficción, donde uno elige el tema, lo elabora, lo deja crecer para que vaya adquiriendo su propia dimensión, sin olvidar nunca las marcas de género, de activismo político, de crítica social.

–El poder corrompe hasta al más honesto, dicen; el escritor Elmer Mendoza añade que el principal problema en México es la impunidad: al parecer el meollo de la novela negra en el país va por ahí…

–Una buena estrategia de la novela negra de hoy en México es que no plantea que los malos son los secuestradores, los delincuentes, sino que lo que está torcido es el sistema, y eso genera corrupción e impunidad, una realidad en la que no hay finales felices.

Ahora, “la responsabilidad político-social relacionada con esa situación no sólo es del Estado, de los políticos, sino también de los ciudadanos. Y una cuestión que trasmina mi novela es que, ante el horror del problema, éstos muchas veces ni siquiera quieren ver, prefieren hacer como que no pasa nada. Entonces, por tal inmovilidad, la corrupción y la impunidad se mantienen”.

–El poder, sea de políticos, empresarial, del crimen organizado…

–Y el que se ejerce en los hogares–acota Patricia Valladares.

 

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